Bellum Diabolus (by Hurgrim)

-¿Qué ha pasado? ¿Dónde demonios estoy?

El hombre intentó incorporarse pero un latigazo de dolor recorrió todo su cuerpo. Eso le hizo apretar los párpados y ser consciente de que tenía los ojos cerrados. Los abrió pero tardó unos segundos en acostumbrarse a la luz del sol que lo iluminaba.

La desolación le rodeaba. Una docena de cuerpos mutilados yacían esparcidos por el suelo. A su lado, los ojos grises de un compañero de armas le miraban fijamente. No parpadeaban. La luz de la vida los había abandonado.

Notó algo pegajoso en su cara y sus manos y tuvo que reprimir un grito al ver que estaba bañado en sangre. ¿Sería suya? El pánico le hizo moverse bruscamente, provocándole un nuevo azote de dolor. Esta vez pudo localizarlo. Provenía de su pierna derecha.

Arqueó la espalda para intentar mitigar el tormento que le laceraba. Fue entonces cuando le vio.

A unas decenas de metros de él, el torso musculoso de un hombre se recortaba a la luz del atardecer. La evaporación producida por su transpiración hacía que le rodease un aura sobrenatural.

Entonces recordó…

“-¡Dioses, no! Misericordia.” – pensaba el hombre fuera de sí.

Él formaba parte de un equipo que pretendía infiltrarse en las catacumbas de un antiguo santuario propiedad de la Iglesia. Les habían ordenado hacerse con unos códices de gran valor que, supuestamente, narraban leyendas sobre un poder mágico sobrecogedor. Wissenschaft sospechaba que esos libros podrían dar alguna pista acerca del paradero de las deseadas Logias.

Pero en cuanto entraron en el camposanto que rodeaba el edificio, la muerte se abalanzó sobre ellos como un remolino plateado y brutal. Intentaron hacerle frente pero quince hombres no eran rival para la encarnación del mismísimo dios de la guerra. Iglesia había enviado a Marchosias a proteger el lugar. Nadie iba a sobrevivir.

Lo último que recordaba era como partía en dos el cuerpo de uno de sus compañeros, Chorretones de sangre caían como una aterradora cascada escarlata de su abdomen cercenado. Entonces lo alzó con pasmosa facilidad, y le lanzó los restos de su camarada como si fuesen un proyectil. Sintió un crujido, y luego todo fue negro.

Un frío terror invadió al agente. Estaba vivo, pero no podría moverse. Era cuestión de tiempo que Marchosias acabara con su vida. Miró desesperado al cielo, buscando consuelo en oscuro azul del atardecer cuando vio una sombra surcar las nubes.

“-Será un buitre. No tardará en juntarse una buena bandada. Tienen un festín asegurado.”

De repente volvió a ver como la sombra se aproximaba a toda velocidad. Debía ser un ave muy grande porque la envergadura de las alas era impresionante. Pero el animal frenó en seco y se quedó suspendido en el aire.

El hombre, invadido por la curiosidad, se giró para ver mejor aquel prodigio pero al hacerlo movió la pierna herida y un dolor atroz invadió todo su mundo. Intentó ahogar el grito con todas sus fuerzas pero no pudo.

La terrible sombra del alto inquisidor saltó como una exhalación en dirección al superviviente. Empuñaba sus dos espadas mellizas, Platina y Algol, cruzadas sobre el pecho. Las armas malditas que unidas formaban el temible Legislador que le había otorgado su poder, y que le hacían alcanzar el éxtasis durante sus matanzas. Un demonio en vida abrazado por la su Santidad como ajusticiador y paladín de la masacre.

El terror ennegreció los sentidos del agente al ver como se acercaba su muerte de ojos enrojecidos y olvidó por completo el extraño ser volador. Luego, en un breve momento de lucidez, cerró los ojos y se preparó para recibir el ataque y morir. Pero en vez de eso sintió como una fuerte presión lo empujaba lejos. 

Cuando se recuperó del golpe abrió los párpados y vio como una cúpula de energía azul rodeaba al agente de iglesia mientras levantaba una tremenda polvareda. Había hecho volar todos los cuerpos de sus compañeros, y a él con ellos. Escuchó un zumbido grave y vio que provenía del ser suspendido en el aire. Su silueta se había tornado de un amarillo incandescente. Poco a poco la figura comenzó a recuperar su color original y el hombre herido reconoció, por fin, de quien se trataba.

-¡Hecatondies Sigma! – no pudo evitar gritar. – ¡Natham pudo enviar nuestro mensaje de auxilio!

El gólem se movió con un chasquido y cayó en picado hacia la esfera de energía que él mismo había creado. La cruzó en un instante y al salir tenía la cabeza de Marchosias aprisionada con sus enormes garras. Usó la inercia que llevaba para colisionar brutalmente con un muro cercano y levantar acto seguido el vuelo. Casi inmediatamente una sombra saltó de los escombros y logró agarrarse a la pierna de Hecatondies. El agente de iglesia, con la cabeza chorreando sangre, levantó su espada plateada y dibujó un semicírculo en dirección a la cadera del gólem. Pero la cola del ser se interpuso en la trayectoria y logró desviar el tajo, aunque no lo suficiente. El ataque impactó en una de sus alas haciendo caer a los dos monstruos. El guerrero se puso en pie al momento y se lanzó como un rayo sobre el gólem.

El hombre herido podía sentir la vibración en el aire provocada por la terrible batalla. Platina y Algol hacían saltar chispas de la dura piel mitad roca, mitad metal, de Hecatondies. Pero en tierra firme estaba en clara desventaja. La locura que se desataba en el interior de Marchosias hacía que sus ataques fueran cada vez más rápidos y furiosos, y comenzaban a abrir grietas en la armadura del ser, por las que se filtraba un intenso brillo azulado. Con un rápido movimiento, la cola prensil del gólem consiguió superar las débiles defensas del guerrero, apresó la pierna de su enemigo y elevándolo del suelo, se lo aproximó a sus garras para clavárselas. El hombre reaccionó con rapidez y hundió sus dos armas en el tórax de Hecatondies. Éste emitió algo parecido a un bramido atronador y el centro de su pecho se iluminó súbitamente y lanzó un rayo que impactó en el abdomen del agente de iglesia, proyectándolo lejos de él.

El dios de la guerra aterrizó cerca del agente de Wissenchaft herido. Vio cómo se incorporaba con dificultad apoyándose en su espada  dorada. La herida provocada por el haz de luz del gólem le había arrancado parte del vientre y del costado.

Los ojos de Marchosias emitían tanta furia asesina que el hombre herido tuvo que apartar la mirada. El agente de Iglesia estaba bañado en el carmesí de su sangre pero sus piernas se mantenían firmes. Adoptó de nuevo una postura de ataque y se volvió a abalanzar sobre el gólem con renovado ímpetu.

Era una batalla entre demonios.

El arcano artificio de Sólomon también estaba seriamente herido. Podía ver como la energía acumulada en su interior se escapaba, sin control, por las dos heridas del pecho. Pero aun así consiguió acumular el suficiente poder como para crear una nueva cúpula que detuvo el ataque de su enemigo y lo volvió a lanzar por los aires.

Entonces, sin perder ni un instante, levitó hasta el hombre herido y lo aferró con fuerza mientras retomaba un inseguro vuelo.

Lo último que pudo ver el agente fue como la figura de aquel diablo encarnado se volvía a poner en pie, rodeada de una nube de polvo y les observaba alejarse impávida.

Había sobrevivido a Marchosias.

Entonces se desmayó.

HURGRIM

5 opiniones en “Bellum Diabolus (by Hurgrim)”

  1. Gracias a todos!!

    Naidel, me lo guardo en la chistera, que igual le hago sufrir más en el futuro. Y cuando le cojais cariño le pondré nombre y… zas, tajo al cuello… quiero decir… Ejemm…

  2. Pobre hombre, y después de la pierna…qué le dejamos, ¿manco?….a ver si el que le coge cariño eres tú. ..jajajaja

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